Como había mencionado anteriormente (ver Zeus, el Rey de los Dioses I), este Dios era el único que no se dejaba dominar por sus caprichos, con excepción de los amorosos.
Larga fue la lista de uniones amorosas que tuvo Zeus a lo largo de la historia, en primer lugar se casó con Metis, a quien acechó luego por una predicción de Gea, luego con Temis (una de las Titánides) con quien tuvo varias hijas, entre ellas las Moiras (que vienen a ser algo así como agentes del destino). Más tarde se volvió a involucrar con otra Titánide, en este caso fue Dione con quien tuvo a Afrodita, y luego, en una seguidilla, se involucró con: Eurínome, Mnemósine, Leto, Hera (considerada como su esposa por excelencia en la mitología), y finalmente Deméter, con todas tuvo descendencia, entre ellos se encuentran Afrodita, Apolo, Ares, Perséfone, etc.
Pero, como si fuese poco, las uniones que tuvo con mortales son innumerables, entre las mujeres con las que se involucró podemos nombrar a la ninfa Egina, Pluto o Aclmena, entre otras tantas, de las cuales tuvo una gran cantidad de descendencia.
A lo largo de toda Grecia cuenta con monumentos, templos, pinturas, y todo tipo de rastro de antiguos cultos que se le brindaban. En Etna, Cefalonia y Esparta contaba con templos y grandes esculturas. Luego, en otras tantas ciudades y lugares de la antiguedad, era alabado y tenía títulos y celebraciones en su nombre, por ejemplo, como Xenios era el patrón de la hospitalidad y los invitados dispuesto a vengar cualquier injusticia cometida contra un extraño.
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