
Entre Kalimnos y Patmos hay una isla pequeña y pintoresca, como todas las pequeñas islas griegas. Se llama Leros y es perfecta para aquellos turistas que buscan unas vacaciones bien solitarias. Tiene 71 kilómetros de costa y una geografía montañosa con poca vegetación, muchas pero muchas playas y un bonito golfo.
Es la típica isla que vemos en esta parte del mar Egeo, con un pueblo blanco, caminos escarpados y angostos, alguna ermita perdida por ahí y pocos turistas. He ahí su principal atractivo: la paz y el silencio, nada de marcha, anda de bares ni nada de playas sucias. El descanso absoluto.

Bueno, a Leros podemos llegar en vuelos regulares que parten desde la ciudad capital de Atenas, desde Kos o desde Rodas. Frecuentemente también hay un ferry que la une con el puerto ateniense del Pireo y una comunicación local con Patmos, Kos, Rodas, y Samos, pero no es tan frecuente como para confiar en ella.

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